domingo, 7 de noviembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
Leer transforma radicalmente nuestro cerebro
de: http://www.genciencia.com/psicologia/leer-transforma-radicalmente-nuestro-cerebro
Entre el cerebro de los habitantes de las sociedades ágrafas y nuestro cerebro hay una diferencia abismal.
Si bien compartimos el mismo cerebro que los seres humanos analfabetos de hace 40.000 años, desde que inventamos la lectura hemos empezado a conectar nuestras estructuras cerebrales de formas distintas.
Por ejemplo, los cerebros de nuestros antepasados egipcios y sumerios debieron de ser distintos a los nuestros, como refleja un trabajo pionero de Charles Perfetti y Li-Hai Tan. En él se sugiere que todos los sistemas de escritura usan muchas conexiones estructurales parecidas, pero algunas exclusivas.
Un cerebro conectado para leer los jeroglíficos egipcios o los caracteres chinos activa algunas áreas jamás utilizadas para leer el alfabeto griego o inglés, y viceversa. La variedad de estas adaptaciones es una prueba reciente del potencial innato del cerebro para reorganizarse a fin de realizar nuevas funciones.
El especialista en lenguas clásicas Eric Havelock también sostiene que algunos alfabetos, como el griego, sin duda liberaron una capacidad sin precedentes en el cerebro humano a fin de crear pensamientos novedosos.
En sus estudios describen de qué manera la reordenación de los cálculos básicos que el cerebro realiza durante el aprendizaje de la lectura se convierte en la base neuronal de los nuevos pensamientos. En otras palabras, los nuevos circuitos y senderos que el cerebro crea para leer se convierten en los cimientos de la capacidad para pensar de maneras diferentes e innovadoras.
En otras palabras, la lectura ocasionó tanto una revolución cultural como neuronal. Las personas que aprendieron a leer y escribir, por tanto, desarrollaron cerebros que ampliaban su repertorio intelectual.Unas capacidades que no poseían las culturas orales o ágrafas. ¿Por ejemplo?
Con la creación de los antiguos símbolos de los sellos de cálculo aparecieron los primeros sistemas de contabilidad conocidos y, con ellos, nació la toma de decisiones reforzada que surge cuando se dispone de más y mejor información. Por lo tanto, parecería que los primeros símbolos conocidos (aparte de las pinturas rupestres) estaban al servicio de la economía y de los aspectos económicos. Con los primeros sistemas de escritura globales (la escritura cuneiforme sumeria y los jeroglíficos egipcios), la contabilidad sencilla se convirtió en una documentación sistemática, lo cual condujo a sistemas de organización y cifrado que, a su vez, facilitaron avances intelectuales significativos. Hacia el II milenio antes de nuestra era, las obras literarias acadias habían empezado a clasificar todo el mundo conocido, como prueban la enciclopedia Todas las cosas conocidas sobre el Universo, la obra maestra jurídica del Código de Hammurabi y diversos textos médicos notables. El mismo método científico tuvo sus orígenes en la capacidad cada vez mayor de nuestros antepasados para documentar, codificar y clasificar.
sábado, 9 de octubre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
Pobladísimo país de mierda
Ya está, ya ha sucedido. El momento esperado se ha producido: a mi hijo, a punto de cumplir 10 años, le han dicho, por primera vez en toda su vida, «moro de mierda». Marcaremos la fecha en el calendario para conmemorarla cada año, porque indudablemente comienza una nueva etapa en su biografía, aquella en la que deberá ser consciente de sus rasgos distintivos y las consecuencias que conllevan. De entrada me pregunta si eso de «moro» es bueno o es malo y repite, como un atenuante de su gran delito, que él nació en Vic. Como todos los niños, no se ve ninguna diferencia. Me habría gustado presenciar el acontecimiento, como el primer contagio, el primer diente que se cae, el primer trazo para dibujar, aún sin sentido, su propio nombre. Pero no, a partir de una edad, a los hijos empiezan a pasarles cosas de las que las madres no seremos testigos de primera fila, sino que deberemos conformarnos con el relato que a posteriori hagan ellos, en el mejor de los casos.
Yo tengo la suerte de no recordar muy bien mi primera vez, porque las tres palabras se escurrieron entre muchas sin sentido que iba aprendiendo de la nueva lengua. Después, me recuerdo buscándolas en el diccionario para intentar averiguar por qué aquello que me decían como insulto era un insulto, qué quería decir si era tan negativo. Buscaba «moro», claro, que la mierda ya sabía lo que era, este país del que todos hemos formado parte en un momento u otro y al que nos envían cada dos por tres, tal y como apuntaba el amigo de una amiga en una conversación a pie de calle. Mi suerte tal vez fue la de crecer en una escuela donde todos éramos de mierda en un momento u otro: el moro, el charnego, el gitano e incluso el catalán. Intuyo que los años que vendrán serán los más difíciles, los de intentar que mi hijo siga creyendo que es tan de aquí como cualquier otro y que nadie le puede negar el derecho a sentir eso por mucho que le repitan que es de mierda.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Homenaje a Labordeta
Mataos,
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
Si vuestra rabia es fuego que devora al cielo
y en vuestras almohadas crecen las pistolas:
destruios, aniquilaos, ensangrentad
con ojos desgarrados los acumulados cementerios
que bajo la luna de tantas cosas callan,
pero dejad tranquilo al campesino
que cante en la mañana
el azul nutritivo de los soles.
Invadid con vuestro traqueteo
los talleres, los navíos, las universidades,
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece,
triturad toda rosa hallada; al noble pensativo,
preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes,
en esta misma hora que sonríe
por una desconocida ciudad de provincias,
pero dejad tranquilo al joven estudiante
que lleva en su corazón un estímulo secreto.
Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas
de entelequias, estructuras incompatibles,
pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
Asesinaos si así lo deseáis,
exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
que jamás asiríais un fusil de bravura,
pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar
que con su mujer pasea en los económicos atardeceres.
Aplastaos, pero, vosotros,
los inquisitoriales azuzadores de la matanza,
los implacables dogmáticos de estrechez mentecata,
los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa,
los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones
preparáis la trituración de los sueños modestos
bajo un hacha de martirios inútiles.
Pisotead mi sepulcro también,
os lo permito, si así lo deseáis inclusive y todo,
aventad mis cenizas gratuitamente
si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines suculentos,
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna,
al campesino que nos suda la harina y el aceite,
al joven estudiante con su llave de oro,
al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo,
y al hombre gris que coge los tranvías
con su gabán roído a las seis de la tarde.
Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos,
y entre todos aspiran a vivir, tan sólo ésto,
y de ellos ha de crecer, si surge,
una raza de hombres con puñales de amor inverosímil,
hacia otras aventuras más hermosas.
Este es el poema que Laborderta leyó en el Congreso como protesta por la decisión de participar en la guerra de Iraq
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
Si vuestra rabia es fuego que devora al cielo
y en vuestras almohadas crecen las pistolas:
destruios, aniquilaos, ensangrentad
con ojos desgarrados los acumulados cementerios
que bajo la luna de tantas cosas callan,
pero dejad tranquilo al campesino
que cante en la mañana
el azul nutritivo de los soles.
Invadid con vuestro traqueteo
los talleres, los navíos, las universidades,
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece,
triturad toda rosa hallada; al noble pensativo,
preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes,
en esta misma hora que sonríe
por una desconocida ciudad de provincias,
pero dejad tranquilo al joven estudiante
que lleva en su corazón un estímulo secreto.
Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas
de entelequias, estructuras incompatibles,
pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
Asesinaos si así lo deseáis,
exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
que jamás asiríais un fusil de bravura,
pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar
que con su mujer pasea en los económicos atardeceres.
Aplastaos, pero, vosotros,
los inquisitoriales azuzadores de la matanza,
los implacables dogmáticos de estrechez mentecata,
los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa,
los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones
preparáis la trituración de los sueños modestos
bajo un hacha de martirios inútiles.
Pisotead mi sepulcro también,
os lo permito, si así lo deseáis inclusive y todo,
aventad mis cenizas gratuitamente
si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines suculentos,
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna,
al campesino que nos suda la harina y el aceite,
al joven estudiante con su llave de oro,
al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo,
y al hombre gris que coge los tranvías
con su gabán roído a las seis de la tarde.
Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos,
y entre todos aspiran a vivir, tan sólo ésto,
y de ellos ha de crecer, si surge,
una raza de hombres con puñales de amor inverosímil,
hacia otras aventuras más hermosas.
Este es el poema que Laborderta leyó en el Congreso como protesta por la decisión de participar en la guerra de Iraq
sábado, 4 de septiembre de 2010
Los niños como excusa
Hace un mes tuve la posibilidad de compartir con amigos grandes momentos de disfrutar de la naturaleza, de las conversaciones y de nuestros hijos.
Entre otras cosas uno de los temas compartidos fue cómo los padres tenemos la gran facilidad y la gran tentación de utilizar a nuestros hijos como excusa. Desde no seguir viviendo nuestras vidas independiente de las de nuestros hijos, es decir, luchar por lo que queremos, ver a nuestros hijos, seguir practicando deporte, estudiar, vida de pareja, etc. hasta el no dotarles de la autonomía que tanto van a necesitar en un futuro.
Parece, por lo que veo, que ultimamente los padres estamos perdiendo un poquito el rumbo. Nuestros hijos NO SON NUESTROS, nuestros hijos tienen su personalidad, su vida y como tal, y como adultos maduros que debemos ser debemos gestionarla, según mi punto de vista, desde el amor que tenemos hacia ellos intentando que en un futuro sean independientes.
Por eso cuando veo a padres que no salen de su casa-barrio, cuando veo a padres que no facilitan que sus hijos hagan las cosas por sí mismos, cuando veo a padres que no hacen NADA que no sea en post de un falso bien para su hijo me da bastante pena.
También están los que ya tienen excusa para todo, hagas lo que hagas, digas lo que digas, siempre saldrá a relucir su hijo, que si no se puede hacer esto por que el niño-a tiene que comer, que si no se puede hacer lo otro por que el niño-a tiene que hacer caquita... por favor.... no utilicemos a los niños como excusa y hagamos de ellos unos futuros adultos maduros y afectivamente sanos. Logremos que aprendan a superar sus frustraciones desde pequeño, que cuando sean mayores no les va a valer llorar para conseguir todo.
Entre otras cosas uno de los temas compartidos fue cómo los padres tenemos la gran facilidad y la gran tentación de utilizar a nuestros hijos como excusa. Desde no seguir viviendo nuestras vidas independiente de las de nuestros hijos, es decir, luchar por lo que queremos, ver a nuestros hijos, seguir practicando deporte, estudiar, vida de pareja, etc. hasta el no dotarles de la autonomía que tanto van a necesitar en un futuro.
Parece, por lo que veo, que ultimamente los padres estamos perdiendo un poquito el rumbo. Nuestros hijos NO SON NUESTROS, nuestros hijos tienen su personalidad, su vida y como tal, y como adultos maduros que debemos ser debemos gestionarla, según mi punto de vista, desde el amor que tenemos hacia ellos intentando que en un futuro sean independientes.
Por eso cuando veo a padres que no salen de su casa-barrio, cuando veo a padres que no facilitan que sus hijos hagan las cosas por sí mismos, cuando veo a padres que no hacen NADA que no sea en post de un falso bien para su hijo me da bastante pena.
También están los que ya tienen excusa para todo, hagas lo que hagas, digas lo que digas, siempre saldrá a relucir su hijo, que si no se puede hacer esto por que el niño-a tiene que comer, que si no se puede hacer lo otro por que el niño-a tiene que hacer caquita... por favor.... no utilicemos a los niños como excusa y hagamos de ellos unos futuros adultos maduros y afectivamente sanos. Logremos que aprendan a superar sus frustraciones desde pequeño, que cuando sean mayores no les va a valer llorar para conseguir todo.
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